Esperanza Viva es una comunidad cristiana de la Iglesia del Nazareno en Harrisonville donde creemos que nadie llega por casualidad. Dios sigue cambiando historias, restaurando familias y dando nuevos comienzos y queremos caminar contigo en ese proceso.
Sabemos que la vida puede ser difícil. Hay momentos de soledad, preguntas sin respuesta y cargas que parecen demasiado pesadas.
Por eso existimos: para crear un espacio seguro donde puedas acercarte a Dios, encontrar apoyo sincero y descubrir que hay esperanza para tu vida.
Somos una iglesia en crecimiento, pero sobre todo somos una familia espiritual. Aquí no tienes que fingir ni tener todo resuelto. Puedes venir tal como eres. Nuestro deseo es escucharte, orar contigo y acompañarte en tu camino de fe, paso a paso.
Creemos en un Jesús cercano, que perdona, restaura y da propósito. Y creemos que cuando las personas se encuentran con Él, su vida nunca vuelve a ser igual.
En Esperanza Viva hay un lugar para ti. Hay esperanza para tu historia. Y hay un nuevo comienzo esperándote.
Conozca a Esperanza Viva
Sammy y Jessica Martínez
Pastores Fundadores
Sammy y Jessica son los pastores fundadores de la Iglesia Hispana Esperanza Viva.
Comparten el llamado de establecer una iglesia centrada en Cristo, comprometida con la transformación de vidas y el desarrollo de familias saludables.
Juntos lideran con pasión, visión y un profundo deseo de servir a la comunidad hispana con amor, integridad y propósito.
ESPERANZA VIVA
La misión de Esperanza Viva es formar discípulos de Jesús en nuestra Ciudad.
En Esperanza Viva creemos que Dios transforma vidas.
Nuestra misión es conectar a las personas con Cristo, crecer juntos en la fe y servir para su gloria. Queremos ser una iglesia donde las familias encuentren esperanza, comunidad y un lugar para crecer espiritualmente.
Nos apasiona compartir el amor de Jesús, formar discípulos y servir a nuestra comunidad con compasión, porque creemos que la esperanza cobra vida cuando caminamos juntos con Cristo.
Creemos en un solo Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Creemos que las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, reveladas por inspiración divina, contienen toda la verdad necesaria para la fe y la vida cristiana.
Creemos que los seres humanos nacen con una naturaleza caída y que, por lo tanto, tienen una inclinación hacia el mal, y esto de forma constante.
Creemos que los que no se arrepienten finalmente están perdidos de forma irremediable y eterna.
Creemos que la expiación por medio de Jesucristo es para toda la raza humana; y que todo aquel que se arrepienta y crea en el Señor Jesucristo es justificado, regenerado y salvado del dominio del pecado.
Creemos que los creyentes deben ser santificados por completo, tras la regeneración, mediante la fe en el Señor Jesucristo.
Creemos que el Espíritu Santo da testimonio del nuevo nacimiento y también de la santificación completa de los creyentes.
Creemos que nuestro Señor volverá, que los muertos resucitarán y que tendrá lugar el juicio final.
Creemos que Jesucristo es el centro de nuestra fe y el Señor de nuestras vidas. Como parte de la Iglesia universal, caminamos junto a todos los creyentes proclamando el amor, el perdón y la esperanza que se encuentran en Él.
Buscamos vivir como una comunidad que refleja el carácter de Cristo: amando a Dios, amando a las personas y creciendo juntos en fe, unidad y verdad bíblica.
Como un solo Cuerpo de Cristo, tenemos «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo». Afirmamos la unidad de la Iglesia de Cristo y nos esforzamos en todo por preservarla (Efesios 4:5, 3).
Jesús es nuestro centro, la Biblia nuestra guía y el amor nuestra respuesta.
Creemos que Dios nos llama a vivir una vida transformada. A través del poder del Espíritu Santo, somos cambiados día a día para parecernos más a Jesús en nuestro carácter, nuestras decisiones y nuestra manera de amar a los demás.
La santidad no significa perfección humana, sino una vida rendida a Dios, donde aprendemos a amar a Dios con todo nuestro corazón y a las personas como Cristo nos amó.
Buscamos reflejar el carácter de Jesús viviendo con amor, integridad, compasión y obediencia.
La santidad es parecernos cada día más a Jesús.
Creemos que la iglesia es llamada a compartir el amor y la esperanza de Jesús con el mundo. Como pueblo enviado, vivimos para servir, amar y llevar el mensaje de Cristo a nuestras familias, comunidad y más allá. Guiados por el Espíritu Santo, participamos en la misión de Dios a través de la evangelización, la compasión, el discipulado y el servicio a los demás.
Nuestro deseo es ver vidas transformadas y personas conectadas con Cristo, creciendo en fe y llevando esperanza. (Mateo 28:19-20; 2 Corintios 6:1).
Nuestra misión comienza con la adoración, ministra al mundo mediante la evangelización y la compasión, anima a los creyentes a alcanzar la madurez cristiana a través del discipulado y prepara a hombres y mujeres para el servicio cristiano mediante la educación superior cristiana.
Somos enviados para compartir la esperanza de Jesús.
Sirviendo a Esperanza Viva
La historia de Esperanza Viva en su congregación hispana está comenzando a escribirse paso a paso. Aunque actualmente no contamos con reuniones presenciales regulares, la iglesia ya está viva y en movimiento. Creemos que la iglesia no es un edificio, sino personas caminando juntas en fe, y por eso hemos comenzado construyendo relaciones significativas uno a uno, ofreciendo consejería, discipulado y acompañamiento espiritual.
El nacimiento oficial de la iglesia hispana inició con la llegada de los Pastores Martínez Strickland desde Perú, el 5 de junio de 2025. Desde ese día, comenzó una nueva etapa llena de oración, visión y compromiso por servir a la comunidad hispana.
En esta temporada, estamos enfocados en acompañar a cada persona en su crecimiento personal y en su caminar con el Señor. Además, una vez al mes celebramos nuestra “Cena de Esperanza”, un espacio especial donde las familias hispanas pueden reunirse, compartir la mesa, fortalecer amistades y seguir afirmando los fundamentos de esta nueva comunidad.
Esperanza Viva está naciendo desde el corazón de las relaciones, con la convicción de que Dios está formando una iglesia saludable, cercana y llena de esperanza para esta generación.